El Máster en Formación de Profesores de E/LE nos prepara para convertirnos en profesionales de la enseñanza de español a estudiantes de lengua materna diferente a la nuestra. Nos han ofrecido consejos, materiales y recomendaciones, hemos estudiado la metodología más adecuada para cada caso, y en este último semestre estamos viendo cuáles son las necesidades específicas de los estudiantes de español como lengua de especialidad o las necesidades de los inmigrantes que llegan a España y tienen y quieren aprender nuestra lengua. Pero, ¿qué ocurre con aquellos inmigrantes hispanohablantes que, por compartir nuestra lengua, no necesitan asistir a cursos de español? ¿Acaso no se produce un choque cultural en los latinoamericanos que llegan a España por primera vez y descubren cómo funciona la sociedad española? ¿No nos estaremos olvidando de las adaptaciones culturales, sociales y también lingüísticas que experimentan nuestros vecinos del otro lado del Atlántico?

Tras leer el artículo de Isabel Molina (Inmigrantes latinoamericanos en Madrid: cortesía y género) he confirmado lo que venía reflexionando desde que comenzamos la asignatura de Enseñanza de Español a Inmigrantes: no solo son inmigrantes los marroquíes o senegaleses que llegan a nuestras costas, ni los chinos o rumanos con los que nos cruzamos en el portal de casa; los hispanohablantes que llegan a nuestro país, aunque compartan nuestra lengua, también son inmigrantes, y también sufren un proceso de adaptación a nuestra cultura que no podemos obviar si queremos lograr su plena integración en sociedad.
Parece que el hecho de compartir una misma lengua es sinónimo de integración en una cultura. No podemos negar que es un punto positivo, puesto que la dificultad lingüística que puede tener un inmigrante chino que desconoce completamente la lengua española, no existe para un inmigrante ecuatoriano. Y, sin embargo, parece que es un hecho objetivo la presencia de problemas de comunicación y choque de culturas entre hispanohablantes procedentes de América Latina y españoles peninsulares. ¿A qué se debe? ¿Por qué sucede esto?
La autora del artículo mencionado ha llevado a cabo un estudio entre inmigrantes latinoamericanos hispanohablantes residentes en Madrid, hombres y mujeres, centrado en los problemas de comunicación de este colectivo tras su llegada a España. La investigación llevada a cabo revela que las dificultades de comunicación del colectivo de hispanoamericanos residente en Madrid no están relacionadas con la transmisión de significados lingüísticos, sino con la adecuada descodificación de las estrategias socioculturales en los diferentes contextos discursivos. Según los datos recabados, se observa una actitud generalizada de rechazo hacia la cortesía española por parte de la muestra de inmigrantes tomada para el estudio. ¿Qué quiere decir esto?
De acuerdo con la investigación, la mayoría de las mujeres hispanoamericanas inmigrantes considera que los españoles son «fríos» y «distantes» en el trato cotidiano y que su entonación resulta «dura» y «desafecta». Interpretan como descortés la distancia que ponen los españoles al hablar con desconocidos, y consideran grosero el volumen tan alto con que suelen conversar. En otras palabras, los españoles no cuidan suficientemente la imagen positiva de su interlocutor, no emplean un tono suave ni afectuoso, se mantienen distantes, elevan demasiado la voz, y utilizan un lenguaje descortés y antinormativo. Por su parte, los hombres hispanoamericanos se sienten menos escandalizados o molestos con la forma de hablar de los españoles, pero, igualmente, destacan la falta de buenos modales y de respeto, la poca amabilidad y la escasez de fórmulas de cortesía. Los españoles resultan agresivos, hablan atropelladamente y pronuncian mal los anglicismos.
Es sorprendente que, si bien consideramos que los hispanoamericanos y los españoles tenemos muchas cosas en común, además de la lengua, existan tantas diferencias sociolingüísticas entre la Península y el continente americano, algo que no ocurre entre los distintos países de Hispanoamérica.
A modo de conclusión, me gustaría hacer una llamada de atención no solo a los profesionales de la enseñanza de ELE, sino también a toda la sociedad española, pues muchas veces no somos conscientes, o lo somos pero preferimos cerrar los ojos, de que cada cultura es diferente y tiene sus propias normas sociales y de comportamiento. Esto es algo que no podemos obviar, tanto en nuestro trato diario con los estudiantes extranjeros, como en la vida real con nuestros vecinos de otras nacionalidades, o cuando seamos nosotros los que emigremos o viajemos a otros países. Es evidente que la cultura española tiene muchos puntos en común con las sociedades mediterráneas y latinoamericanas, pero nuestra forma de comportarnos y nuestros valores, especialmente en el campo de la cortesía, no son exactamente iguales. Como consecuencia de ello, puede que se produzcan malentendidos y situaciones incómodas, pero tenemos que intentar que la tolerancia y la comprensión estén siempre presentes en nuestro día a día; solo de esta forma podremos aportar nuestro granito de arena a la plena integración de todos los individuos que componen la sociedad multicultural en que vivimos.
